10 de noviembre
San León Magno, papa y doctor de la Iglesia
Martes, 32ª semana del Tiempo Ordinario — Año par
San León Magno, papa y doctor de la Iglesia, fue una de las figuras más destacadas del cristianismo occidental en el siglo V. Elegido sumo pontífice en tiempos de gran inestabilidad política y doctrinal, se caracterizó por su firmeza ante las crisis internas y externas que amenazaban a la Iglesia. León defendió la fe católica frente a herejías como el pelagianismo y el nestorianismo, y su célebre "Tomo a Flaviano" fue decisivo en el Concilio de Calcedonia para definir la doctrina sobre la naturaleza de Cristo.
San León también es recordado por su papel como pacificador y defensor de Roma. Es legendaria su intervención ante Atila el Huno en la que, según la tradición, logró evitar el saqueo de la ciudad con su sola autoridad moral. Más allá de los eventos históricos concretos, León resaltó la dignidad y la misión del papado como pastor universal y protector del rebaño, dejando multitud de homilías y cartas que muestran su sabiduría pastoral.
La Iglesia celebra su memoria porque su testimonio de fe, caridad y doctrina sigue iluminando al Pueblo de Dios, y porque supo guiar a la comunidad cristiana con valentía y claridad en momentos críticos de la historia.
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Preguntas sobre San León Magno, papa y doctor de la Iglesia (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
LecturaTt 2, 1-8.11-14
Querido hermano:
di lo que es conforme a la sana doctrina.
Que los hombres mayores sean sobrios,
dignos de respeto, sensatos,
y firmes en la fe, la caridad y la perseverancia.
Igualmente, que las mujeres mayores lleven una vida santa,
no sean calumniadoras
ni esclavas del vino,
y que sean buenas consejeras,
para enseñar a las jóvenes
a amar a sus maridos y a sus hijos,
a ser sensatas y puras,
buenas amas de casa, amables,
sumisas a sus maridos,
para que la palabra de Dios no quede expuesta a blasfemia.
A los jóvenes también, exhórtalos a ser sensatos en todo.
Tú mismo, sé un modelo por tu modo de obrar bien,
por una enseñanza íntegra y digna de respeto,
por la solidez irreprochable de tus palabras,
para confundir en mayor grado al adversario,
que no encontrará ningún motivo de acusación contra nosotros.
Porque la gracia de Dios se ha manifestado
para la salvación de todos los hombres.
Ella nos enseña a renunciar a la impiedad
y a los deseos mundanos,
y a vivir en este mundo de manera sensata,
con justicia y piedad,
esperando que se cumpla la bienaventurada esperanza:
la manifestación de la gloria
de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo.
Pues él se entregó por nosotros
para rescatarnos de toda iniquidad,
y purificarnos,
para hacer de nosotros su pueblo,
un pueblo entusiasta para hacer el bien.
– Palabra del Señor.
SalmoPs 36 (37), 3-4, 18.23, 27.29
Confía en el Señor y haz el bien,
habita la tierra y sé fiel;
pon tu alegría en el Señor:
él colmará los deseos de tu corazón.
Él conoce los días del hombre íntegro
que recibirá una herencia imperecedera.
Cuando el Señor guía los pasos del hombre,
son firmes y su camino le agrada.
Apártate del mal, haz el bien,
y tendrás morada para siempre.
Los justos poseerán la tierra
y siempre la habitarán.
EvangelioLc 17, 7-10
En aquel tiempo,
Jesús decía:
«¿Quién de vosotros,
cuando su siervo ha arado o cuidado el ganado,
le dice al volver del campo:
“Ven pronto y siéntate a la mesa”?
¿No le dirá más bien:
“Prepárame la cena,
vístete y sírveme,
mientras yo como y bebo.
Después comerás y beberás tú”?
¿Tendrá agradecimiento con ese siervo
por haber cumplido las órdenes recibidas?
Así también vosotros,
cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado,
decid:
“Somos simples servidores:
no hemos hecho más que nuestro deber”»
– Aclamemos la Palabra de Dios.
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org