19 de noviembre
Jueves, 33ª semana del Tiempo Ordinario
Año par
El día de la féria en la liturgia católica, como se da hoy, no conmemora a ningún santo específico ni una fiesta particular, sino que da espacio para celebrar la liturgia diaria dentro del Tiempo Ordinario. El Tiempo Ordinario es aquel período fuera de los tiempos fuertes —Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua— y se caracteriza por su sobriedad y su énfasis en el caminar cotidiano del cristiano.
Durante estos días la Iglesia invita a crecer en santidad a través de lo cotidiano, recordando que todos los momentos de la vida pueden ser ocasión de encuentro con Dios. Las lecturas y oraciones varían según el año litúrgico, ayudando a los fieles a profundizar en las enseñanzas y la vida de Jesucristo. La celebración "de la féria" nos recuerda que el Señor se hace presente también en la rutina diaria, inspirando a vivir el Evangelio en lo sencillo y habitual.
Aunque no se señale un acontecimiento sobresaliente o la memoria de un santo concreto, estos días son esenciales en la pedagogía espiritual de la Iglesia: nos enseñan, por medio de la liturgia, a buscar a Dios en cada jornada, a perseverar en el seguimiento de Cristo y a santificar nuestras acciones ordinarias.
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Preguntas sobre Jueves, 33ª semana del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
LecturaAp 5, 1-10
Yo, Juan,
vi,
en la mano derecha del que está sentado en el Trono,
un libro en forma de rollo,
escrito por dentro y por fuera,
sellado con siete sellos.
Luego vi a un ángel poderoso,
que proclamaba con voz fuerte:
«¿Quién es digno de abrir el Libro
y romper sus sellos?»
Pero nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra,
podía abrir el Libro ni mirarlo.
Yo lloraba mucho,
porque no se había encontrado a nadie digno
de abrir el Libro y mirarlo.
Pero uno de los Ancianos me dijo:
«No llores.
Ha vencido el león de la tribu de Judá,
el retoño de David:
él abrirá el Libro y sus siete sellos.»
Y vi,
entre el Trono, los cuatro Seres Vivientes y los Ancianos,
un Cordero de pie, como degollado;
sus cuernos eran siete en número,
y también sus ojos, que son los siete espíritus de Dios
enviados por toda la tierra.
Se acercó y tomó el Libro
de la mano derecha del que estaba sentado en el Trono.
Cuando el Cordero tomó el Libro,
los cuatro Seres Vivientes y los veinticuatro Ancianos
cayeron a sus pies.
Cada uno tenía una cítara
y copas de oro llenas de perfumes,
que son las oraciones de los santos.
Cantaban este cántico nuevo:
«Tú eres digno de tomar el Libro
y de abrir sus sellos,
porque fuiste inmolado,
rescataste para Dios, con tu sangre,
personas de toda tribu,
lengua, pueblo y nación.
Para nuestro Dios, de ellos has hecho
un reino y sacerdotes:
reinarán sobre la tierra.»
– Palabra del Señor.
SalmoPs 149, 1-2, 3-4, 5-6a.9b
Canten al Señor un canto nuevo,
lórenlo en la asamblea de sus fieles.
En Israel, alegría por su creador;
en Sion, gozo por su Rey.
Alaben su nombre con danzas,
tóquenle al son de tambores y cítaras.
Porque el Señor ama a su pueblo,
da a los humildes el esplendor de la victoria.
Que los fieles exulten gloriosos,
gritando de alegría en el triunfo.
Que proclamen las alabanzas de Dios,
es el orgullo de sus fieles.
EvangelioLc 19, 41-44
En aquel tiempo,
cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén,
al ver la ciudad, lloró por ella, diciendo:
«¡Ah! Si tú también, en este día,
hubieras reconocido lo que puede darte la paz.
Pero ahora eso ha quedado oculto a tus ojos.
Sí, vendrán días para ti
en que tus enemigos levantarán parapetos contra ti,
te rodearán y te apretarán por todas partes;
te destruirán,
a ti y a tus hijos que están en ti,
y no dejarán en ti piedra sobre piedra,
porque no reconociste
el momento en que Dios te visitó.»
– Aclamemos la Palabra de Dios.
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org