21 de octubre
Miércoles, 29ª semana del Tiempo Ordinario
Año par
Hoy, la Iglesia celebra un día de la féria, correspondiente al tiempo ordinario del calendario litúrgico. La féria no está dedicada a un santo específico ni a una memoria particular, sino que invita a los fieles a centrar su atención en el Misterio de Cristo mismo y en la vida cotidiana de fe. El tiempo ordinario es el periodo más largo del año litúrgico y se caracteriza por acompañar a los cristianos en el crecimiento espiritual diario, lejos de las grandes solemnidades y festividades principales. Durante estos días verdes, la liturgia enfatiza las enseñanzas y obras de Jesús, alentando a reflexionar sobre cómo aplicar el Evangelio a la vida personal, familiar y comunitaria. Esta rutina espiritual no es menos importante: en la sencillez de lo ordinario, Dios también actúa y va transformando discretamente los corazones. La Iglesia nos invita así a tomar conciencia de la presencia constante de Dios, a madurar en la vida de oración, y a ejercer la caridad en lo cotidiano. Estos días son ideales para fortalecer las virtudes y avanzar hacia la santidad a través de los pequeños gestos y decisiones de cada jornada.
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Preguntas sobre Miércoles, 29ª semana del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
LecturaEp 3, 2-12
Hermanos:
Ustedes han sabido, creo, en qué consiste
la gracia que Dios me ha dado para ustedes:
por revelación, Él me hizo conocer el misterio,
como ya les he escrito brevemente.
Al leerme, pueden darse cuenta
de la comprensión que tengo del misterio de Cristo.
Este misterio no había sido dado a conocer
a los hombres de las generaciones pasadas,
como ahora ha sido revelado
a sus santos Apóstoles y profetas,
en el Espíritu.
Este misterio
es que todas las naciones comparten la misma herencia,
el mismo cuerpo,
la misma promesa,
en Cristo Jesús,
por el anuncio del Evangelio.
De este Evangelio he llegado a ser ministro
por el don de la gracia que Dios me ha concedido
por la eficacia de su poder.
A mí, el más pequeño de todos los creyentes,
se me dio la gracia de anunciar a las naciones
la insondable riqueza de Cristo,
y de iluminar a todos sobre el contenido del misterio
que estuvo escondido desde siempre en Dios,
el creador de todas las cosas.
Así, ahora, las mismas Potestades celestiales
conocen, gracias a la Iglesia,
los múltiples aspectos de la Sabiduría de Dios.
Este es el proyecto eterno que Dios realizó
en Cristo Jesús nuestro Señor.
Y nuestra fe en Cristo nos da la seguridad necesaria
para acercarnos a Dios con plena confianza.
– Palabra del Señor.
CánticoIs 12, 2, 4bcde-5a, 5bc-6
He aquí el Dios que me salva:
tengo confianza, ya no tengo miedo.
Mi fuerza y mi canto es el Señor;
él es para mí la salvación.
Den gracias al Señor, proclamen su nombre,
anuncien entre los pueblos sus maravillosas obras!
Díganlo de nuevo: «¡Sublime es su nombre!»
Canten para el Señor.
Él muestra su grandeza, y toda la tierra lo sabe.
¡Griten, jubilen de alegría, habitantes de Sión,
porque grande es en medio de ti
el Santo de Israel!
EvangelioLc 12, 39-48
En aquel tiempo,
Jesús decía a sus discípulos:
« Ustedes lo saben bien:
si el dueño de casa supiera a qué hora va a venir el ladrón,
no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
También ustedes, estén preparados:
es a la hora que menos lo piensen
cuando venga el Hijo del hombre.»
Pedro entonces dijo:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros
o también por todos?»
El Señor respondió:
«¿Quién es el administrador fiel y prudente
a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre
para repartir, a su debido tiempo, la ración de comida?
¡Dichoso ese siervo
a quien su señor, al llegar, lo encuentre actuando así!
En verdad les digo:
lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si ese siervo piensa en su interior:
“Mi señor tarda en llegar”,
y empieza a golpear a los siervos y siervas,
a comer, beber y embriagarse,
entonces, cuando venga el señor,
el día en que no lo espera
y a la hora que no sabe,
lo apartará
y le hará compartir el destino de los infieles.
Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor,
no se preparó ni cumplió con esa voluntad,
recibirá muchos azotes.
Pero el que no la conocía,
y ha hecho cosas dignas de azotes,
recibirá pocos.
A quien mucho se le dio,
mucho se le exigirá;
a quien mucho se le confió,
se le pedirá mucho más.»
– Palabra del Señor.
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org