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4 de octubre

Color litúrgico : Verde

27º domingo del Tiempo Ordinario

Año A


El 27º Domingo del Tiempo Ordinario es una oportunidad para que la Iglesia reflexione sobre el seguimiento cotidiano de Cristo y el llamado a vivir el Evangelio con fidelidad en la rutina de la vida diaria. Este tiempo, que no está marcado por grandes solemnidades, centra la atención en el crecimiento progresivo de la fe y en la manifestación del Reino de Dios en las pequeñas acciones y en la perseverancia del creyente.

A menudo, las lecturas de este domingo invitan a revisar la relación con Dios, la confianza y la perseverancia en la oración, así como el amor al prójimo. La espiritualidad de este periodo está basada en una vida cristiana arraigada en la esperanza y la acción constante, siguiendo el ejemplo de Jesús en las situaciones comunes. El color litúrgico verde simboliza la esperanza y el crecimiento espiritual, recordando que la gracia de Dios actúa también en los momentos más sencillos de la existencia.

La Iglesia celebra este domingo para animar a los fieles a encontrar a Dios en lo cotidiano y reconocer el valor espiritual de cada jornada. Es una invitación a renovar el compromiso bautismal y a dar testimonio de la fe en medio del mundo, con la certeza de que cada pequeño paso en la vida ordinaria contribuye al plan de salvación.

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Preguntas sobre 27º domingo del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)

La jornada litúrgica

Lecturas de la Misa

Primera lecturaIs 5, 1-7

Voy a cantar para mi amigo
el canto de mi amado a su viña.

Mi amigo tenía una viña
en una colina fértil.
Removió la tierra, quitó las piedras,
y plantó en ella buenas cepas.
En medio construyó una torre de vigilancia
y cavó también un lagar.
Esperaba que produjera buenas uvas,
pero sólo dio uvas agrias.

Y ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,
¡juzgad entre mí y mi viña!
¿Acaso pude hacer por mi viña
algo más de lo que hice?
Esperaba buenas uvas,
¿por qué dio uvas agrias?
Pues ahora os voy a enseñar
lo que haré con mi viña:
quitaré su cerca
para que sea devorada por los animales,
abriré una brecha en su muro
para que sea pisoteada.
La convertiré en un terreno desolado;
no será podada ni cavada,
crecerán en ella espinos y zarzas;
prohibiré a las nubes
que dejen caer la lluvia sobre ella.

La viña del Señor del universo
es la casa de Israel.
La cepa que Él amaba,
son los hombres de Judá.
Esperaba justicia,
y ahí tenéis crímenes;
esperaba rectitud,
y ahí tenéis gritos de dolor.

– Palabra del Señor.

SalmoPs 79 (80), 9-12, 13-14, 15-16a, 19-20

La viña que sacaste de Egipto,
la trasplantaste expulsando a las naciones.
Extendía sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Río.

¿Por qué has derribado su cerca?
Todos los que pasan por el camino la vendimian;
el jabalí del bosque la devasta
y las bestias del campo la pastan.

¡Dios del universo, regresa!
Desde el cielo, mira y ve:
visita esta viña, protégela,
la que plantó tu poderosa mano.

Nunca más nos alejaremos de ti:
haz que vivamos e invoquemos tu nombre.
Señor, Dios del universo, haznos volver;
que brille tu rostro y seremos salvos.

Segunda lecturaPh 4, 6-9

Hermanos:
no se inquieten por nada,
sino que, en toda ocasión,
oren y supliquen, dando gracias,
para presentar a Dios sus peticiones.
Y la paz de Dios,
que supera todo lo que se puede imaginar,
custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Por último, hermanos, todo lo que es verdadero y noble,
todo lo que es justo y puro,
todo lo que es digno de ser amado y honrado,
todo lo que se llama virtud
y merece elogios,
tengan eso en cuenta.
Lo que han aprendido y recibido,
lo que han visto y oído de mí,
pónganlo en práctica.
Y el Dios de la paz estará con ustedes.

– Palabra del Señor.

EvangelioMt 21, 33-43

En aquel tiempo,
Jesús decía a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
« Escuchen esta parábola:
Un hombre era dueño de una propiedad;
plantó una viña,
la cercó con un vallado,
cavó un lagar en ella y construyó una torre de vigilancia.
Luego la arrendó a unos labradores,
y se fue de viaje.
Cuando llegó el tiempo de la cosecha,
envió a sus sirvientes a los campesinos
para recibir los frutos de su viña.
Pero los labradores se apoderaron de los criados,
golpearon a uno,
mataron a otro,
y apedrearon al tercero.
De nuevo, el dueño envió a otros sirvientes
más numerosos que los primeros;
pero los trataron de la misma manera.
Por último, les envió a su hijo,
pensando:
‘Respetarán a mi hijo.’
Pero, al ver al hijo, los labradores se dijeron entre ellos:
‘Este es el heredero:
¡vengan, matémoslo,
y nos quedaremos con su herencia!’
Se apoderaron de él,
lo expulsaron fuera de la viña
y lo mataron.
Pues bien, cuando vuelva el dueño de la viña,
¿qué hará con esos labradores?»
Le respondieron:
«A esos miserables los hará morir de mala manera.
Arrendará la viña a otros labradores,
que le entregarán los frutos a su tiempo.»
Jesús les dijo:
«¿No han leído nunca en las Escrituras:
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular;
esto es obra del Señor,
una maravilla ante nuestros ojos.

Por eso les digo:
El reino de Dios les será quitado
y será dado a un pueblo
que produzca sus frutos.»

– Palabra del Señor.

Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org

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