8 de noviembre
32º domingo del Tiempo Ordinario
Año A
El 32º Domingo del Tiempo Ordinario nos invita, en la recta final del año litúrgico, a meditar sobre la vigilancia, la esperanza y la actitud ante el encuentro definitivo con el Señor. En este periodo, la liturgia se caracteriza por lecturas que llaman a la preparación y al discernimiento ante la venida de Cristo, subrayando la importancia de no vivir distraídos, sino atentos y fieles a la voluntad de Dios.
Los textos bíblicos de este domingo suelen ofrecernos parábolas o relatos que animan a asumir la vida cristiana con responsabilidad y confianza. Este domingo es, por tanto, una oportunidad para recordar que, aunque el tiempo ordinario es un camino cotidiano, está impregnado del deseo de Dios de encontrarse con nosotros y de nuestra vocación a la santidad. La Iglesia celebra este día no en virtud de un santo concreto, sino como parte del ritmo semanal que nos reúne para la Eucaristía, sacramento centro de la vida cristiana. Nos enseña a perseverar en la fe y a mantener encendida la lámpara de nuestro corazón mediante la oración, las buenas obras y la vigilancia espiritual.
Este domingo nos llama, en definitiva, a vivir el presente con el corazón abierto al futuro prometido, renovando nuestra entrega diaria y esperando con esperanza activa y confiada el encuentro con Cristo.
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Preguntas sobre 32º domingo del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
Primera lecturaSg 6, 12-16
La Sabiduría es resplandeciente,
y no se marchita.
Se deja contemplar fácilmente
por quienes la aman,
se deja encontrar
por quienes la buscan.
Ella se adelanta a sus deseos
dándose a conocer primero.
El que la busca desde el amanecer no se cansará:
la encontrará sentada a su puerta.
Pensar en ella es la perfección del discernimiento,
y el que vela por ella
pronto será librado de la preocupación.
Ella va y viene
buscando a quienes son dignos de ella;
en los caminos,
se les aparece con rostro sonriente;
en cada uno de sus pensamientos,
ella sale a su encuentro.
– Palabra del Señor.
SalmoPs 62 (63), 2, 3-4, 5-6, 7-8
Dios, tú eres mi Dios,
te busco desde el amanecer:
mi alma tiene sed de ti;
mi carne te anhela,
tierra árida, reseca, sin agua.
Te contemplé en el santuario,
vi tu fuerza y tu gloria.
Tu amor vale más que la vida:
¡mis labios te alabarán !
Toda mi vida te bendeciré,
y alzaré las manos invocando tu nombre.
Como en un banquete quedaré saciado;
con alegría en los labios, te alabaré.
En la noche me acuerdo de ti
y paso horas hablándote.
Sí, tú viniste en mi ayuda,
grito de alegría a la sombra de tus alas.
Segunda lectura1 Th 4, 13-18
Hermanos:
no queremos que ignoren
sobre los que se han dormido en la muerte;
no deben estar tristes
como los demás, que no tienen esperanza.
Jesús, lo creemos, murió y resucitó;
de la misma manera, así lo creemos también, a los que se han dormido,
Dios, por Jesús, los llevará consigo.
Porque, según la palabra del Señor, les anunciamos esto:
nosotros los vivos,
los que quedemos para la venida del Señor,
no precederemos a los que se han dormido.
A la señal dada, a la voz del arcángel y al sonido de la trompeta de Dios,
el mismo Señor bajará del cielo,
y los muertos en Cristo
resucitarán primero.
Después, nosotros los vivos,
los que quedemos,
seremos llevados en las nubes del cielo,
junto con ellos,
al encuentro del Señor.
Así estaremos siempre con el Señor.
Anímense, pues, unos a otros
con estas palabras.
– Palabra del Señor.
O LECTURA BREVE
Segunda lectura1 Th 4, 13-14
Hermanos:
no queremos que ignoren
sobre los que se han dormido en la muerte;
no deben estar tristes
como los demás, que no tienen esperanza.
Jesús, lo creemos, murió y resucitó;
de la misma manera, así lo creemos también, a los que se han dormido,
Dios, por Jesús, los llevará consigo.
– Palabra del Señor.
EvangelioMt 25, 1-13
En aquel tiempo,
Jesús decía a sus discípulos esta parábola:
« El Reino de los Cielos será semejante
a diez jóvenes invitadas a una boda,
que tomaron sus lámparas
para salir al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran imprudentes,
y cinco eran precavidas:
las imprudentes llevaron sus lámparas pero no aceite;
mientras que las precavidas llevaron, además de sus lámparas,
frascos de aceite.
Como el esposo tardaba,
todas se adormecieron y se durmieron.
A medianoche, se oyó un grito:
‘¡Aquí está el esposo! Salgan a su encuentro.’
Entonces todas aquellas jóvenes se despertaron
y se pusieron a preparar sus lámparas.
Las imprudentes pidieron a las precavidas:
‘Denos de su aceite,
porque nuestras lámparas se apagan.’
Las precavidas les respondieron:
‘No alcanzará para nosotras y para ustedes,
vayan más bien donde los vendedores y cómprenlo.’
Mientras ellas iban a comprar,
llegó el esposo.
Las que estaban preparadas entraron con él en la sala de bodas,
y la puerta se cerró.
Más tarde, las otras jóvenes también llegaron y dijeron:
‘¡Señor, Señor, ábrenos!’
Él les respondió:
‘En verdad les digo:
no las conozco.’
Velen, pues,
porque no saben ni el día ni la hora.»
– Palabra del Señor.
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org