CatéGPT

13 de septiembre

Color litúrgico : Verde

24º domingo del Tiempo Ordinario


El 24º domingo del Tiempo Ordinario invita a los fieles a adentrarse en la vida cristiana cotidiana, centrando la liturgia en el perdón, la misericordia y el llamado constante a renovar la fidelidad a Cristo. El Tiempo Ordinario, que comprende la mayor parte del año litúrgico, no centra su atención en un misterio particular de la vida de Jesús, sino que acompaña con humildad el crecimiento espiritual de la Iglesia y de cada creyente. En este domingo, las lecturas suelen centrarse en la reconciliación y el amor sin medida, elementos esenciales de la vida comunitaria y personal del cristiano. El verde, color de esperanza, simboliza este caminar diario donde se nos invita a imitar la paciencia y la bondad del Señor, cultivando así nuestra fe en lo ordinario.

La Iglesia, al dar tanta importancia a los domingos ordinarios, recuerda que cada jornada, aunque sin una celebración específica, es ocasión de encuentro con Dios y de maduración en la fe. Así, en este domingo, se exhorta a vivir el Evangelio en la vida diaria, perdonando de corazón y testimoniando la compasión divina en medio de nuestras relaciones humanas.

Enlace permanente

Haz una pregunta sobre la fiesta del día

Preguntas sobre 24º domingo del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)

La jornada litúrgica

Lecturas de la Misa

Primera lecturaSi 27, 30 – 28, 7

El rencor y la ira, cosas abominables
donde el pecador es maestro.
El que se venga
tendrá la venganza del Señor;
y el Señor llevará cuenta estricta de sus pecados.
Perdona a tu prójimo el daño que te ha hecho;
así, cuando ores, serán perdonados tus pecados.
Si un hombre guarda ira contra otro hombre,
¿cómo puede pedirle a Dios sanación?
Si no tiene compasión de un hombre, su semejante,
¿cómo podrá suplicar para que sean perdonados sus propios pecados?
Él, que es un simple mortal, guarda rencor;
¿quién le perdonará entonces sus pecados?
Piensa en tu destino final y renuncia a todo odio,
piensa en tu decadencia y en tu muerte,
y permanece fiel a los mandamientos.
Piensa en los mandamientos
y no guardes rencor contra el prójimo,
piensa en la Alianza del Altísimo
y sé indulgente con quien no sabe.

    – Palabra del Señor.

SalmoPs 102 (103), 1-2, 3-4, 9-10, 11-12

Bendice al Señor, alma mía,
todo mi ser bendiga su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía,
y no olvides ninguno de sus beneficios.

Él perdona todas tus ofensas
y cura todas tus enfermedades;
salva tu vida del sepulcro
y te colma de amor y de ternura.

No está siempre en pleito,
ni para siempre guarda su enojo;
no nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras ofensas.

Como el cielo se alza sobre la tierra,
así de grande es su amor por los que le temen;
tan lejos como está el oriente del occidente,
así aleja de nosotros nuestros pecados.

Segunda lecturaRm 14, 7-9

Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo,
y ninguno muere para sí mismo:
si vivimos, vivimos para el Señor;
si morimos, morimos para el Señor.
Así, tanto en la vida como en la muerte,
pertenecemos al Señor.
Porque, si Cristo murió y luego volvió a la vida,
es para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos.

    – Palabra del Señor.

EvangelioMt 18, 21-35

En aquel tiempo,
Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
« Señor, si mi hermano peca contra mí,
¿cuántas veces debo perdonarle?
¿Hasta siete veces? »
Jesús le respondió:
« No te digo hasta siete veces,
sino hasta setenta veces siete.
Así, el Reino de los Cielos es semejante
a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.
Cuando comenzó,
le presentaron a uno
que le debía diez mil talentos
(es decir, sesenta millones de monedas de plata).
Como este hombre no tenía con qué pagar,
el señor ordenó venderlo a él,
a su mujer, sus hijos y todos sus bienes,
para pagar la deuda.
Entonces, arrodillándose a sus pies,
el siervo le suplicaba diciendo:
‘Ten paciencia conmigo,
y te lo pagaré todo.’
Compadecido, el señor de aquel siervo
lo dejó en libertad y le perdonó la deuda.

    Pero al salir, aquel siervo encontró a uno de sus compañeros
que le debía cien monedas de plata.
Se abalanzó sobre él y lo estrangulaba, diciendo:
‘¡Paga lo que me debes!’
Entonces, arrodillándose a sus pies, su compañero le suplicaba:
‘Ten paciencia conmigo,
y te lo pagaré.’
Pero él se negó
y lo hizo encarcelar hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo sucedido,
se entristecieron mucho
y fueron a contarle a su señor
todo lo que había pasado.
Entonces este lo mandó llamar y le dijo:
‘¡Siervo malvado!
Yo te perdoné toda aquella deuda
porque me lo suplicaste.
¿No debías tú también
compadecerte de tu compañero,
como yo me compadecí de ti?’
Y enojado, su señor lo entregó a los verdugos
hasta que pagara todo lo que debía.

    Así hará también mi Padre del cielo con ustedes,
si cada uno no perdona de corazón
a su hermano.»

    – Aclamemos la Palabra de Dios.

Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org

Compartir esta fiesta — Novus Ordo Missae

Compartir esta fiesta — Vetus Ordo Missae

Ver la fiesta de hoyVer el calendario litúrgico