CatéGPT

14 de septiembre

Color litúrgico : Rojo

La Exaltación de la Santa Cruz

Fête du Seigneur

La Croix Glorieuse


La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, celebrada el 14 de septiembre, tiene sus raíces en la veneración cristiana a la cruz como signo central de la redención. Esta conmemoración recuerda el hallazgo, atribuido tradicionalmente a Santa Elena en el siglo IV, de la cruz donde Cristo fue crucificado, aunque los detalles exactos poseen elementos legendarios y su historicidad completa es incierta. La Iglesia en Jerusalén celebraba ya desde tiempos antiguos este día, especialmente asociándolo con la dedicación de la Basílica del Santo Sepulcro.

A través de los siglos, la veneración a la cruz se expandió por todo el mundo cristiano, siendo vista no sólo como instrumento de sufrimiento, sino como símbolo victorioso del amor de Dios y fuente de salvación. La liturgia de este día no dirige la atención sólo al objeto material, sino al misterio de la cruz y lo que representó en la vida y la fe de los cristianos: la entrega radical de Cristo y el triunfo sobre el pecado y la muerte. Por ello, los fieles son invitados a mirar la cruz no desde la derrota sino desde la gloria de la Resurrección, acompañando así la espiritualidad de San Pablo, quien se gloriaba únicamente en la cruz de Jesucristo.

La Iglesia celebra esta fiesta como recordatorio para abrazar con esperanza las propias cruces cotidianas, comprendiendo que, en Cristo, incluso el sufrimiento puede ser transformado en fuente de vida y de amor.

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Preguntas sobre La Exaltación de la Santa Cruz (Novus Ordo Missae)

La jornada litúrgica

Lecturas de la Misa

Primera lecturaNb 21, 4b-9

En aquellos días,
por el camino a través del desierto, el pueblo perdió el ánimo.
Reclamaron contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has hecho subir de Egipto?
¿Acaso era para hacernos morir en el desierto,
donde no hay ni pan ni agua?
¡Estamos hartos de esta comida miserable!»
Entonces el Señor envió contra el pueblo
serpientes de mordedura ardiente,
y muchos murieron entre el pueblo de Israel.
El pueblo fue donde Moisés y dijo:
«Hemos pecado,
al quejarnos contra el Señor y contra ti.
Intercede ante el Señor
para que aparte de nosotros las serpientes.»
Moisés intercedió por el pueblo,
y el Señor dijo a Moisés:
«Hazte una serpiente ardiente,
y colócala en lo alto de un asta:
todos los que hayan sido mordidos,
que la miren y vivirán.»
Moisés hizo una serpiente de bronce
y la puso en la cima del asta.
Cuando un hombre era mordido por una serpiente,
y miraba hacia la serpiente de bronce,
¡se quedaba con vida!

    – Palabra del Señor.

O BIEN

Segunda lecturaPh 2, 6-11

Cristo Jesús,
siendo de condición divina,
no consideró
el ser igual a Dios como algo a que aferrarse.

    Al contrario, se despojó de sí mismo,
tomando la condición de siervo,
haciéndose semejante a los hombres.

Reconocido como hombre por su presencia,
se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz.

    Por eso Dios lo exaltó:
y le concedió el Nombre
que está sobre todo nombre,

    para que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra y en los abismos,

    y toda lengua proclame:
« Jesucristo es el Señor »
para gloria de Dios Padre.

    – Palabra del Señor.

SalmoPs 77 (78), 3-4a.c, 34-35, 36-37, 38ab.39

Hemos oído y sabemos
lo que nuestros padres nos contaron;
lo contaremos a la generación futura,
las hazañas gloriosas del Señor.

Cuando Dios los golpeaba, lo buscaban,
volvían y se volvían de nuevo a él:
recordaban que Dios es su roca,
y el Dios Altísimo, su redentor.

Pero con su boca lo engañaban,
y con su lengua le mentían.
Su corazón no era sincero con él;
no eran fieles a su alianza.

Pero él, misericordioso,
en vez de destruir, perdonaba.
Se acordaba: no son más que carne,
un soplo que pasa sin retorno.

EvangelioJn 3, 13-17

En aquel tiempo,
Jesús dijo a Nicodemo:
« Nadie ha subido al cielo
sino el que ha bajado del cielo,
el Hijo del hombre.
Así como la serpiente de bronce
fue levantada por Moisés en el desierto,
así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado,
para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo
que dio a su Hijo único,
para que todo el que cree en él no perezca,
sino que tenga vida eterna.
Pues Dios no envió a su Hijo al mundo
para juzgar al mundo,
sino para que, por él, el mundo sea salvado. »

    – Aclamemos la Palabra de Dios.

Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org

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