CatéGPT

14 de noviembre

Color litúrgico : Verde

Sábado, 32ª semana del Tiempo Ordinario

Feria

Año par


Hoy la Iglesia celebra un día de la féria, un término litúrgico que se refiere a los días de la semana que no están dedicados a un santo específico ni a una solemnidad grande. En el calendario ordinario, estos días ofrecen una oportunidad para centrarse en el tiempo ordinario y en la vida cotidiana del cristiano. La féria subraya la importancia de la oración diaria, la meditación de la Palabra de Dios y la celebración de la Eucaristía como fuente de gracia en la vida común, más allá de las grandes fiestas y memorias.

En el tiempo ordinario, la Iglesia anima a los fieles a encontrar a Dios en las realidades sencillas del día a día. Es una invitación a profundizar en la espiritualidad personal, alimentando la fe a través de la escucha del Evangelio y el compromiso evangélico en la propia vida, en familia, el trabajo o el estudio. Así, estos días son un recordatorio de que el seguimiento de Jesucristo se vive cada jornada, con perseverancia y esperanza, siendo testigos en medio del mundo, aun en lo aparentemente rutinario o común.

La liturgia de la féria, sin celebraciones especiales, pone en primer plano el clamor silencioso de la vida cristiana ordinaria; aquí madura la fe, se fortalece la caridad y se cultiva la esperanza, esperando los tiempos litúrgicos mayores que renovarán la vida espiritual de la comunidad.

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Preguntas sobre Sábado, 32ª semana del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)

La jornada litúrgica

Lecturas de la Misa

Lectura3 Jn 5-8

Querido hermano:
tú actúas fielmente
en lo que haces por los hermanos,
y especialmente por los que son extranjeros.
    Ante la Iglesia,
ellos han dado testimonio de tu caridad;
harás bien en ayudarles para su viaje
de una manera digna de Dios.
    Pues es por su nombre
que han partido sin recibir nada de los paganos.
    Por eso debemos apoyar a tales hombres,
para ser colaboradores de la verdad.

            – Palabra del Señor.

SalmoPs 111 (112), 1-2, 3-4, 5-6

Dichoso quien teme al Señor,
quien ama de corazón su voluntad.
Su linaje será poderoso en la tierra;
la descendencia de los justos será bendita.

La riqueza llena su casa;
para siempre se mantendrá su justicia.
Luz para los rectos, él surge en las tinieblas,
hombre justo, compasivo y misericordioso.

El hombre de bien es compasivo y comparte;
con justicia dirige sus asuntos.
Jamás caerá ese hombre;
siempre se recordará al justo.

EvangelioLc 18, 1-8

En aquel tiempo,
    Jesús decía a sus discípulos una parábola
sobre la necesidad que tenían
de orar siempre sin desanimarse:
    «Había en una ciudad
un juez que no temía a Dios
y no respetaba a los hombres.
    En esa misma ciudad,
había una viuda que acudía a él diciendo:
“Hazme justicia contra mi adversario.”
    Durante mucho tiempo él se negó;
luego se dijo a sí mismo:
“Aunque no temo a Dios
y no respeto a nadie,
    como esta viuda me está fastidiando,
le haré justicia
para que no venga continuamente a cansarme.”»

    El Señor añadió:
«Fíjense en lo que dice este juez injusto.
    ¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos,
que claman a él día y noche?
¿Los hará esperar?
    Les digo que pronto les hará justicia.
Pero, cuando venga el Hijo del hombre,
¿encontrará esta fe en la tierra?»

            – Palabra del Señor.

Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org

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