15 de noviembre
33º domingo del Tiempo Ordinario
Año A
El 33º Domingo del Tiempo Ordinario marca el final de este período litúrgico, preparando así al pueblo cristiano para la culminación del año eclesiástico y la inminente celebración de Cristo Rey. Durante este domingo, la Iglesia llama a los fieles a la vigilancia y a la esperanza activa, recordando tanto el fin de los tiempos como el sentido de la vida diaria vivida según el Evangelio.
Las lecturas suelen abordar temas escatológicos, es decir, relativos a los ‘últimos tiempos’ y al retorno glorioso de Cristo. Así, este domingo invita a reflexionar sobre la fidelidad en las pequeñas cosas, la responsabilidad ante los dones recibidos y la perseverancia en situaciones de incertidumbre. No busca infundir miedo, sino fomentar una espera vigilante y esperanzada que anima a los cristianos a comprometerse hoy con el Reino de Dios, en sus familias, trabajos y comunidades.
La espiritualidad de este domingo enfatiza la vigilancia, la confianza y la caridad operante; todos valores centrales en la vida cristiana. Así, el 33º Domingo del Tiempo Ordinario nos recuerda que la historia está en manos de Dios y que la actitud del discípulo es la de quien vive cada día con sentido, sabiendo que todo será iluminado por el amor y la justicia de Cristo al final de los tiempos.
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Preguntas sobre 33º domingo del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
Primera lecturaPr 31, 10-13.19-20.30-31
¿Una mujer perfecta, quién la encontrará?
¡Su valor es mucho más que el de las perlas!
Su esposo confía en ella:
y nunca le faltarán riquezas.
Ella le da felicidad y no desgracia,
todos los días de su vida.
Sabe elegir la lana y el lino,
y sus manos trabajan con gusto.
Extiende la mano hacia la rueca,
sus dedos manejan el huso.
Sus manos se abren en favor del pobre,
tienden la mano al desdichado.
El encanto es engañoso y la belleza pasa;
sólo la mujer que teme al Señor merece alabanza.
¡Felicítala por el fruto de su trabajo!
y en las puertas de la ciudad, sus obras la alaben.
– Palabra del Señor.
SalmoPs 127 (128), 1-2, 3, 4-5
¡Feliz quien teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del trabajo de tus manos:
¡Feliz serás! ¡Te irá bien!
Tu esposa será en tu casa
como una vid fecunda,
y tus hijos, alrededor de la mesa,
como brotes de olivo.
Así será bendecido
el hombre que teme al Señor.
¡Desde Sión, que el Señor te bendiga!
Verás la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.
Segunda lectura1 Th 5, 1-6
En cuanto a los tiempos y momentos de la venida del Señor,
no necesitan, hermanos, que les escriba al respecto.
Ustedes saben perfectamente que el día del Señor
llega como un ladrón en la noche.
Cuando la gente diga:
“¡Paz y seguridad!”,
es entonces, de repente, cuando la catástrofe caerá sobre ellos,
como los dolores a la mujer embarazada:
no podrán escapar.
Pero ustedes, hermanos, como no están en tinieblas,
ese día no los sorprenderá como un ladrón.
Pues todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día;
no somos de la noche ni de las tinieblas.
Por lo tanto, no nos durmamos como los demás,
sino permanezcamos despiertos y vivamos sobriamente.
– Palabra del Señor.
EvangelioMt 25, 14-30
En aquel tiempo,
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
« Es como un hombre que, al irse de viaje,
llamó a sus siervos y les confió sus bienes.
A uno le entregó una suma de cinco talentos,
a otro dos talentos,
al tercero un solo talento,
a cada uno según su capacidad.
Luego se fue.
Enseguida, el que recibió los cinco talentos
fue a negociar con ellos
y ganó otros cinco.
Igualmente, el que recibió dos talentos
ganó otros dos.
Pero el que recibió sólo uno
fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Mucho tiempo después, el señor de aquellos siervos regresó
y les pidió cuentas.
El que había recibido cinco talentos se acercó,
presentó otros cinco talentos
y dijo:
‘Señor,
tú me entregaste cinco talentos;
aquí tienes, he ganado otros cinco.’
Su señor le respondió:
‘¡Muy bien, siervo bueno y fiel!
Has sido fiel en lo poco,
te confiaré mucho;
¡entra en el gozo de tu señor!’
El que había recibido dos talentos también se acercó
y dijo:
‘Señor, tú me entregaste dos talentos;
aquí tienes, he ganado otros dos.’
Su señor le respondió:
‘¡Muy bien, siervo bueno y fiel!
Has sido fiel en lo poco,
te confiaré mucho;
¡entra en el gozo de tu señor!’
El que había recibido un solo talento también se acercó
y dijo:
‘Señor,
sabía que eres un hombre exigente:
cosechas donde no sembraste,
recoges donde no esparciste semilla.
Tuve miedo, y fui a esconder tu talento en la tierra.
Aquí tienes lo que es tuyo.’
Su señor le respondió:
‘¡Siervo malo y perezoso!
Sabías que cosechaba donde no sembré,
y recogía grano donde no lo esparcí.
Así que, debías haber puesto mi dinero en el banco;
y, al regresar, yo lo habría recuperado con intereses.
Quítenle, pues, su talento
y dénselo al que tiene diez.
Al que tiene, se le dará aún más,
y tendrá en abundancia;
pero al que no tiene nada,
aun lo que tiene le será quitado.
Y a este siervo inútil,
árrójenlo fuera, a las tinieblas;
allí habrá llanto y rechinar de dientes.’ »
– Palabra del Señor.
O LECTURA BREVE
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org