15 de octubre
Santa Teresa de Ávila
Jueves, 28ª semana del Tiempo Ordinario — Año par
Santa Teresa de Ávila, nacida en 1515 en España, fue una de las grandes figuras del Renacimiento católico y una de las místicas más influyentes de la historia de la Iglesia. Ingresó en el Carmelo siendo joven y, movida por su profundo deseo de unión con Dios, inició una reforma de la orden junto con san Juan de la Cruz, buscando volver a la observancia primitiva y a una vida de oración más intensa. Fundó numerosos conventos a pesar de grandes dificultades y oposiciones, destacando siempre por su fortaleza, su confianza en la misericordia divina y su sentido del humor. Santa Teresa escribió varias obras espirituales fundamentales como el "Libro de la vida", "Camino de perfección" y "Las moradas", donde plasmó su experiencia mística y su doctrina sobre la oración, convirtiéndose en una referencia central para la vida interior cristiana. Fue declarada doctora de la Iglesia en 1970 por san Pablo VI, siendo la primera mujer reconocida con este título. La Iglesia celebra su memoria por su testimonio de valentía, su amor a Cristo y su profunda influencia espiritual que sigue inspirando a fieles de todo el mundo.
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Preguntas sobre Santa Teresa de Ávila (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
LecturaEp 1, 1-10
Pablo, apóstol de Cristo Jesús
por la voluntad de Dios,
a los que han sido santificados y habitan en Éfeso,
a los que creen en Cristo Jesús.
A ustedes, la gracia y la paz
de parte de Dios nuestro Padre
y del Señor Jesucristo.
¡Bendito sea Dios, el Padre
de nuestro Señor Jesucristo!
Él nos ha bendecido y colmado
con las bendiciones del Espíritu,
en el cielo, en Cristo.
Él nos eligió en Cristo,
antes de la fundación del mundo,
para que fuéramos santos e inmaculados
delante de él, en el amor.
Él nos predestinó
a ser, para él, hijos adoptivos
por medio de Jesús, el Cristo.
Así lo quiso su bondad,
para alabanza y gloria de su gracia,
la gracia que nos concede
en el Hijo amado.
En él, por su sangre,
tenemos la redención,
el perdón de nuestras faltas.
Ésa es la riqueza de la gracia
que Dios hizo desbordar sobre nosotros
con toda sabiduría e inteligencia.
Así nos revela el misterio de su voluntad,
conforme a la bondad que había previsto en Cristo:
para llevar los tiempos a su plenitud,
recapitular todas las cosas en Cristo,
las del cielo y las de la tierra.
– Palabra del Señor.
SalmoPs 97 (98), 1, 2-3ab, 3cd-4, 5-6
Canten al Señor un canto nuevo,
porque ha hecho maravillas;
con su santo brazo, con su mano poderosa,
se ha asegurado la victoria.
El Señor ha dado a conocer su victoria
y ha revelado su justicia a las naciones;
se ha acordado de su fidelidad y de su amor,
en favor de la casa de Israel.
Toda la tierra ha visto
la victoria de nuestro Dios.
Aclamen al Señor, toda la tierra,
toquen, canten, alaben.
Toquen para el Señor con la cítara,
con la cítara y todos los instrumentos;
al son de la trompeta y el cuerno,
aclamen a su rey, el Señor.
EvangelioLc 11, 47-54
En aquel tiempo, Jesús decía:
« ¡Ay de ustedes,
porque construyen los sepulcros de los profetas,
mientras que sus padres los mataron!
Así ustedes dan testimonio
de que aprueban los hechos de sus padres,
pues ellos mataron a los profetas,
y ustedes construyen sus sepulcros.
Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho:
Les enviaré profetas y apóstoles;
de ellos, matarán y perseguirán a algunos.
Así esta generación tendrá que responder
por la sangre de todos los profetas
que ha sido derramada desde la fundación del mundo,
desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías,
que pereció entre el altar y el santuario.
Sí, les digo:
se pedirá cuentas a esta generación.
¡Ay de ustedes, doctores de la Ley,
porque han quitado la llave de la ciencia!
Ustedes mismos no han entrado,
y a los que querían entrar,
ustedes se lo han impedido.»
Cuando Jesús salió de la casa,
los escribas y fariseos
empezaron a acosarlo
y a hostigarlo con preguntas;
le tendían trampas para atrapar
cualquier palabra que saliera de su boca.
– Aclamemos la Palabra de Dios.
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org