7 de septiembre
Lunes, 23ª semana del Tiempo Ordinario
Hoy la Iglesia celebra una jornada 'de la férie', es decir, un día sin una memoria obligatoria de un santo o una fiesta especial. Durante estos días, el foco de la liturgia recae sobre el misterio de Cristo, que se presenta a través de la lectura continua de la Sagrada Escritura y de la celebración diaria de la Eucaristía. Los días feriales pertenecen a lo que se llama el Tiempo Ordinario, una época del año litúrgico dedicada al crecimiento espiritual en la vida cotidiana, fuera de los tiempos fuertes como Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua. La espiritualidad del Tiempo Ordinario invita a los fieles a encontrar a Dios en las pequeñas cosas de cada día y a vivir el Evangelio en la rutina y los compromisos habituales.
Estos días nos recuerdan que la santidad no solo se forja en los grandes acontecimientos, sino también en la fidelidad sencilla de cada jornada común y corriente. La liturgia de la féria, con sus oraciones y lecturas, ayuda al cristiano a permanecer unido a Cristo, creciendo en virtud y caridad a lo largo del año. La Iglesia, al dar valor litúrgico a los días sin fiestas, subraya que el Señor nos acompaña siempre, y que todo momento puede ser ocasión de gracia y encuentro con Él.
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Preguntas sobre Lunes, 23ª semana del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
Lectura1 Co 5, 1-8
Hermanos:
Se oye decir por todas partes
que hay entre ustedes un caso de inmoralidad,
una inmoralidad tal que ni siquiera se encuentra entre los paganos:
se trata de un hombre que vive con la mujer de su padre.
Y, a pesar de eso, están llenos de orgullo
en vez de lamentarlo
y expulsar de su comunidad al que comete ese acto.
En cuanto a mí,
que estoy ausente en cuerpo pero presente en espíritu,
ya he juzgado, como si estuviera presente,
al hombre que actúa de esa manera:
en nombre del Señor Jesús,
cuando estén reunidos y yo esté espiritualmente con ustedes,
en el poder de nuestro Señor Jesús,
hay que entregar a ese individuo al poder de Satanás,
para la destrucción de su carne;
así, su espíritu podrá ser salvado en el día del Señor.
De verdad, no tienen por qué estar orgullosos:
¿no saben que un poco de levadura
hace fermentar toda la masa?
Por tanto, límpiense de la vieja levadura,
y serán una masa nueva,
ustedes que son el pan de la Pascua,
aquel que no ha fermentado.
Porque nuestra víctima pascual ha sido inmolada:
es Cristo.
Así pues, celebremos la fiesta,
no con levadura vieja,
ni con la de malicia y maldad,
sino con pan sin levadura,
el pan de la rectitud y de la verdad.
— Palabra del Señor.
SalmoPs 5, 2-3, 5-6ab, 6c-7, 12
Tú no eres un Dios amigo del mal,
a tu lado, el malvado no es admitido.
No, el insensato no se mantiene
delante de tu mirada.
Detestas a todos los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
el hombre de engaño y de sangre,
el Señor lo aborrece.
Alegría para quien se refugia en ti,
¡gozo eterno!
Tú los proteges, en ti se regocijan,
los que aman tu nombre.
EvangelioLc 6, 6-11
Un día de sábado,
Jesús entró en la sinagoga y enseñaba.
Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
Los escribas y fariseos observaban a Jesús
para ver si hacía una curación en día de sábado;
así tendrían un motivo para acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos,
y le dijo al hombre que tenía la mano seca:
« Levántate y ponte de pie aquí en medio. »
El hombre se levantó y se quedó de pie.
Jesús les dijo:
« Les pregunto:
¿Es lícito en sábado
hacer el bien o el mal?
salvar una vida o perderla? »
Entonces, mirando a todos a su alrededor,
dijo al hombre:
« Extiende tu mano. »
Él lo hizo, y su mano quedó restablecida.
Pero ellos se llenaron de furia
y discutían entre sí
sobre qué podían hacer contra Jesús.
— Palabra del Señor.
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org