CatéGPT

23 de septiembre

Color litúrgico : Blanco

San Pío de Pietrelcina

Memoria

Miércoles, 25ª semana del Tiempo Ordinario


San Pío de Pietrelcina, conocido popularmente como el Padre Pío, fue un fraile capuchino italiano del siglo XX, nacido en Pietrelcina (Italia) en 1887. Desde joven sintió una profunda vocación religiosa y fue ordenado sacerdote en 1910. Poco después, fue destinado al convento de San Giovanni Rotondo, donde viviría la mayor parte de su vida. El Padre Pío es conocido por los estigmas—las llagas en su cuerpo semejantes a las de Cristo crucificado—que según testimonios aparecieron en 1918 y permanecieron hasta su muerte, fenómeno que fue objeto de exámenes médicos y controversias. Era célebre también por su dedicación al confesionario, donde pasaba largas horas atendiendo a los fieles y atrayendo a miles de peregrinos que buscaban consuelo espiritual y reconciliación con Dios. Destacó por su amor a la Eucaristía y la oración, así como su humildad y obediencia incluso ante difíciles pruebas. La espiritualidad del Padre Pío subraya la importancia del sufrimiento ofrecido con amor, la penitencia y la confianza absoluta en la misericordia de Dios. La Iglesia celebra su memoria como testimonio de fidelidad, caridad y unión con el Crucificado, recordando su entrega total al servicio pastoral y su intercesión. Fue canonizado por San Juan Pablo II en 2002.

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Preguntas sobre San Pío de Pietrelcina (Novus Ordo Missae)

La jornada litúrgica

Lecturas de la Misa

LecturaPr 30, 5-9

Toda palabra de Dios es acrisolada;
és un escudo para quien se refugia en él.
    No añadas nada a lo que dice:
te lo reprocharía como una mentira.

    Señor, sólo te pido dos cosas,
no me las niegues antes de que muera.
    Aparta de mí la mentira y la falsedad,
no me des pobreza ni riqueza;
concédeme solamente mi ración de pan.
    Porque si tuviera abundancia podría negarte
diciendo: «¿Quién es el Señor?»
O bien, la miseria podría hacerme ladrón,
y profanaría el nombre de mi Dios.

            – Palabra del Señor.

SalmoPs 118 (119), 29.72, 89.101, 104.163

Apártame del camino de la mentira,
hazme la gracia de tu ley.
Mi felicidad es la ley de tu boca,
más que un montón de oro o de plata.

Por siempre, tu palabra, Señor,
permanece en los cielos.
De los caminos del mal aparto mis pasos,
para guardar tu palabra.

Tus preceptos me han dado inteligencia:
aborrezco todo camino de mentira.
Odio y detesto la mentira;
tu ley, la amo.

EvangelioLc 9, 1-6

En aquel tiempo,
    Jesús reunió a los Doce;
les dio poder y autoridad sobre todos los demonios,
y también para hacer curaciones;
    los envió a proclamar el Reino de Dios
y a sanar a los enfermos.
    Les dijo:
« No llevéis nada para el camino,
ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero;
ni tengáis cada uno dos túnicas.
    Cuando seáis recibidos en una casa,
quedaos allí; de allí saldréis de nuevo.
    Y si no os reciben,
salid de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies:
será un testimonio contra ellos. »
    Ellos se marcharon
y fueron de pueblo en pueblo,
anunciando la Buena Nueva
y haciendo curaciones por todas partes.

            – Palabra del Señor.

Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org

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