24 de septiembre
Jueves, 25ª semana del Tiempo Ordinario
En el calendario litúrgico católico, un día "de la férie" hace referencia a una jornada en la que no se celebra ninguna solemnidad, fiesta o memoria obligatoria de un santo determinado. Estos días "feriales" ofrecen una oportunidad especial para centrarse en el propio tiempo litúrgico y en la cotidianidad de la vida cristiana. Durante el Tiempo Ordinario, la Iglesia invita a profundizar en los misterios de Cristo a través de la lectura continua de las Escrituras y la oración diaria, haciendo resonar el mensaje evangélico en la vida diaria de los fieles.
La importancia de un día "de la férie" radica en que recuerda a los católicos que la santidad también se vive en la rutina diaria, sin necesidad de celebraciones particulares. El verde, color litúrgico del Tiempo Ordinario, simboliza el crecimiento y la esperanza, atributos necesarios para fortalecer la fe y la perseverancia a lo largo del año. En estos días, la Iglesia continúa con la misa diaria y anima a los fieles a crecer espiritualmente, encontrando a Dios en lo sencillo y habitual. Así, el tiempo "ferial" representa la llamada a una vida cristiana constante, servicial y en apertura al Espíritu, inspirando a los creyentes a vivir de manera coherente el Evangelio durante todos los momentos del año.
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Preguntas sobre Jueves, 25ª semana del Tiempo Ordinario (Novus Ordo Missae)
La jornada litúrgica
Lecturas de la Misa
LecturaQo 1, 2-11
¡Vanidad de vanidades!, decía Qohélet.
¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad!
¿Qué provecho saca el hombre
de todo el trabajo que realiza bajo el sol?
Una generación se va, otra generación viene,
y la tierra permanece siempre.
El sol sale, el sol se pone;
se apresura a volver a su lugar,
y de nuevo amanece.
El viento va hacia el sur, gira hacia el norte;
gira y gira,
y vuelve a girar.
Todos los ríos van al mar,
y el mar nunca se llena;
hacia el lugar donde van los ríos,
los ríos siguen corriendo.
Toda palabra es cansadora,
nunca se puede decir todo.
El ojo no se harta de ver,
ni el oído de oír.
Lo que fue, eso será;
lo que se hizo, eso se hará;
nada hay nuevo bajo el sol.
¿Hay algo de lo que se diga:
«¡Mira, esto sí es nuevo!»?
– No, eso ya existía en los siglos pasados.
Pero, no queda recuerdo de lo antiguo;
lo mismo sucederá con los acontecimientos futuros:
no dejarán recuerdo después de ellos.
– Palabra del Señor.
SalmoPs 89 (90), 3-4, 5-6, 12-13, 14.17abc
Haces que el hombre vuelva al polvo;
dijiste: «Vuelvan, hijos de Adán».
A tus ojos, mil años son como el ayer
que pasó, como una hora de la noche.
Los arrebatas: no son más que un sueño;
al amanecer son como hierba que cambia:
florece por la mañana, cambia;
al atardecer se marchita y se seca.
Enséñanos a contar bien nuestros días,
para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
Vuelve, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
Sácianos de tu amor por la mañana,
para que vivamos alegres y cantando todos nuestros días.
Que descienda sobre nosotros la bondad del Señor, nuestro Dios.
Fortalece la obra de nuestras manos.
EvangelioLc 9, 7-9
En aquel tiempo,
Herodes, que gobernaba en Galilea,
oyó hablar de todo lo que ocurría
y no sabía qué pensar.
En efecto, algunos decían que Juan el Bautista
había resucitado de entre los muertos.
Otros decían:
«Es el profeta Elías que ha aparecido».
Otros aún:
«Es un profeta de tiempos antiguos que ha resucitado».
Pero Herodes decía:
«A Juan lo hice decapitar.
Pero, ¿quién es este hombre de quien oigo tales cosas?»
Y buscaba verle.
– Palabra del Señor.
Textos litúrgicos: © AELF — aelf.org